Maldito calendario que me deja muda de pena.
El rojo se torna gris y el espejo me devuelve una mirada
pálida, desencajada, ajena.
Corro el velo y distingo tu sombra inerte,
oscuridad sonora que traspasa mi espectro luminoso.
Siento una voz desconocida,
un susurro que atraviesa las grietas de la tierra.
Una vez más, el silencio se apodera de la escena.

Tumbada en la hierba fatigada de recuerdos observo disimuladamente una estrella que nace.
Entre el cielo y el suelo: mi cuerpo en retazos como única frontera.