lunes, 27 de octubre de 2008

En Plenilunio



Vagando por mis resquicios, voy cruzando alacranes en cuyos ojos dejé mi vida.

La ilusión va de luto y duele de solo verla venir. Se acerca oscura y triste con un espejo en la mano. Detrás, angelitos de la guarda o porros de imaginación. Alucinaciones sin abstinencia de amores que contagian mi sangre.

El silencio ahoga mi grito. Lagrimas calientes en mi almohada.

Escribo buscando invertir la balanza del desprecio y del dolor. Busco en el destino la alteración de mi conciencia, el secreto que haga cosquillas en mis pies.


3 comentarios:

Marcos Ortega dijo...

La desilusión muchas veces puede ser el peor consejero que podemos tener...

Lila dijo...

A través de las experiencias se pueden ir modelando nuestras conciencias, ojalá llegue una que contamine todo de esperanza y te devuelva la sonrisa.

jorge dijo...

Para eso se escribe supongo. Para no explotar por dentro. Para negarse a aceptar que algunas cosas sencillamente ocurren y punto.