martes, 7 de octubre de 2008

Liturgia de despedida

Esta madrugada sin corazón… tu ombligo intocable, lejano e infinito. Lágrimas empapadas de alcohol y una canción desesperada manchando la pared recién pintada. Mensajes en el tejado, en mis manos y hasta en la caja de mis zapatos.



No estás ya aquí. Lo que veo de ti,
cuerpo, es sombra, engaño.
El alma tuya se fue
donde tú te irás mañana.
Aún esta tarde me ofrece
falsos rehenes, sonrisas
vagas, ademanes lentos,
un amor ya distraído.
Pero tu intención de ir
te llevó donde querías
lejos de aquí, donde estás
diciéndome:
«aquí estoy contigo, mira». Y me señalas la ausencia.
La Distraída. Pedro Salinas

1 comentario:

Marcos Ortega dijo...

Salinas Salinas... mucas gracias por recordarme a Salinas, ha sido muy agradable el reencuentro...